Sede Conaprole
Montevideo, Uruguay
2026
La renovación de la Sede Administrativa de Conaprole transforma un conjunto de estructuras industriales del siglo XX. La puesta en valor del esqueleto original, reacondicionado y expuesto en el espacio central del edificio, fue acompañada por demoliciones selectivas que permitieron tanto la apertura de plazas como la construcción de nuevas estructuras prefabricadas.
Partiendo de la premisa de que no tiene sentido demoler para construir desde cero, se adoptó un modelo híbrido de construcción, en el que se reutilizaron las estructuras con mayor capital simbólico y resistencia física del complejo original.
Nos encontramos en la manzana histórica donde funcionó la primera planta industrial de la empresa, ubicada en un paisaje urbano caracterizado por su cercanía al Palacio Legislativo, el puerto de Montevideo y el acceso oeste a la ciudad.
En este contexto, el proyecto consolida un hito urbano de impacto local positivo: revierte el deterioro de la masa construida existente, libera la mitad de su superficie para nuevos espacios públicos y resuelve la imagen del conjunto con una estrategia de fachadas termodinámicas. El resultado es un edificio de referencia, capaz de atraer y recibir por igual a productores cooperativistas, delegaciones extranjeras, clientes, vecinos, empleados y directivos.
Conaprole fue fundada en 1936 y hoy es la empresa cooperativa más grande de Uruguay y principal exportadora de lácteos de América Latina.
Luego de décadas de transformaciones, ampliaciones y falta de actividad, el complejo aún conservaba estructuras de gran valor estructural y simbólico, ocultas por el deterioro acumulado y por intervenciones sucesivas, que su renovada sede hoy reúne con nuevas construcciones orientadas al futuro.
Tras una evaluación metódica de la estructura de hormigón mediante inspecciones y ensayos, se definió una estrategia para preservar los elementos en buen estado y recuperar aquellos que evidenciaban las huellas del tiempo: corrosión, fisuras y desprendimientos.
El 70% de la estructura del nuevo edificio ya estaba construida antes de empezar la obra. Esto permitió reducir drásticamente las operaciones de demolición y construcción en sitio y sus correspondientes costos ambientales.
El edificio se construyó principalmente con un material de incomparable resistencia, accesible y disponible en toda la ciudad: el hormigón histórico. Aquel hormigón armado que fue desencofrado hace décadas y desde entonces ha continuado endureciéndose año tras año.
El atrio del edificio es un espacio de múltiple altura con el antiguo esqueleto de hormigón al descubierto como protagonista. Más que un espacio de circulación, este es el lugar donde la institución se hace visible: allí donde se cruzan trayectorias, escalas y ritmos de trabajo; donde la memoria material del sitio encuentra un nuevo sentido.
Una escalera y tres puentes metálicos suspendidos atraviesan el espacio, haciendo de los recorridos cotidianos una experiencia donde se revela la superposición entre permanencia y transformación.
Al remover construcciones que habían ocupado progresivamente la manzana, el proyecto recuperó espacios para la creación de plazas, jardines y áreas abiertas de estacionamientos.
Allí donde antes predominaba la lógica de un recinto industrial cerrado, hoy emerge un proyecto que abre la manzana a la ciudad y aporta permeabilidad, aire y espacio libre a un entorno históricamente caracterizado por la densidad de sus construcciones industriales.
El diseño de paisaje de Estudio Bulla dialoga con el doble imaginario de Conaprole, entre lo industrial y lo rural. La propuesta combina vegetación urbana con pradera nativa uruguaya, traduciendo la identidad de la cooperativa y trayendo especies del campo al corazón de la capital.
Las adiciones al edificio existente se resolvieron mediante losas y vigas de hormigón industrializado. A diferencia de la tradicional construcción in situ, el sistema prefabricado redujo drásticamente los residuos generados en obra, minimizó el uso de encofrados y acortó los tiempos de ejecución. La sustentabilidad del edificio no surge de gestos individuales sino de sus lógicas y compromisos estructurales.
Una doble fachada ventilada de vidrio da cohesión a todo el conjunto, resuelve la imagen corporativa del edificio y regula el comportamiento termodinámico de los espacios interiores frente a las variaciones climáticas exteriores. Superpuesta tanto a las construcciones antiguas como a las nuevas, esta capa transparente materializa la continuidad entre la memoria industrial del sitio y su proyección futura.
Más allá de lo espacial, el proyecto encarna una de las urgencias más ineludibles de la arquitectura contemporánea: adaptar y reutilizar lo ya construido. En un momento en que la industria de la construcción busca redefinir su relación con lo existente, esta sede corporativa propone una respuesta concreta. Preservar no es resignarse, sino elegir el camino más consciente.
Autores: Matías Carballal y Mauricio López (FROM) + Sergio Barreto
Equipo de trabajo: Santiago Alvante, Alejandra Arribeltz, Paula Bachino, Pablo Courreges, Hernán Gómez, Emiliano Lago, Sebastián Lambert, Aldo Lanzi, Lucía Martinotti, Cecilia Mautone, Diego Morera, Victoria Muniz, Federico Paz, Fabián Sarubbi, Agustina Vigevani.
También participaron de este proceso: Luciano Andrades, Alejandro Cuadro, Emilia Dehl, Flavio Faggion, Andrés Gobba, Silvio Machado, Romina Mangini, Florencia Mastropierro, Valentina Mozo, Pierina Nervi, Martina Pedreira, Emma Prevett, Camila Tekiel.
Fotografías: Leonardo Finotti
Fotografías de proceso de obra: Aldo Lanzi y Airworks Media
Construcción: Berkes Group
Gerenciamiento de obra: Mario Di Marco
Ingeniería civil y estructuras: Magnone Pollio
Acondicionamiento lumínico y eléctrico: Estudio Hofstadter
Fregosi y Asoc.
Acondicionamiento térmico y tensiones débiles: Taetech J. Cousillas
Ingeniería hidráulica y ambiental: Estudio Pittamiglio
Sistemas de protección contra incendio: Estudio Otto Vicente
Acondicionamiento acústico: Leonardo Fiorelli
Asesor certificación LEED: Estudio Lagomarsino
Automatismos: Ing. Gustavo Bellora
Paisaje: Estudio Bulla